sábado, 20 de septiembre de 2014

Don de Lenguas de Rosa Ribas y Sabine Hofmann

Hola aficionados a la lectura! Hoy venia a darles mi opinión y un pequeño resumen del libro Don de Lenguas de Rosa Ribas y Sabine Hofmann pero me encontré con una crítica estupenda de Recaredo Veredas en la página Qué Leer y me pareció estupenda y quiero compartirla con ustedes.

NOVELA: “NADA” EN CLAVE NEGRA


  • “Don de lenguas”
  • Autoras: Rosa Ribas y Sabine Hofmann
  • Traductora: Rosa Ribas
  • Editorial: Siruela
  • 408 páginas. 19,95 euros.
  • 4/5 Tinteros ( Buena )


Argumento
Primeros años 1950, Barcelona. Una figura de la alta sociedad local, Mariona Sobrerroca, ha sido asesinada en su hogar. El escándalo se cierne sobre la ciudad, que además se prepara para recibir ese Congreso Eucarístico que supondrá el primer reconocimiento internacional del régimen. El caso debe resolverse con rapidez, para probar la eficacia de la policía y no perturbar al pueblo con temas desagradables. Dos audaces damas, la periodista Ana Martí y la filólologa Beatriz Noguer, se encargarán de ello, afrontando riesgos insólitos en mujeres de aquella época.

El autor

Rosa Ribas (El Prat, 1963) es doctora en filología hispánica y ha pasado en Alemania los últimos veinte años, donde se ha dedicado a la docencia.
Sabine Hoffman (Bochum, 1964) conoció a Rosa en la universidad de Frankfurt y allí iniciaron una larga amistad culminada con esta novela.

Reseña
Barcelona, mucho más que Madrid, es pródiga en autorretratos. Escritores tan distintos como Rodoreda, Marsé, Mendoza, Calvo o Torné han plasmado el microcosmos de la ciudad mediterránea en decenas de magníficas narraciones. Don de lenguas se inscribe en esta tradición. Su referente más obvio es la novela que resquebrajó la rancia narrativa del primer franquismo: Nada, el premiado debut de Carmen Laforet. Porque, como en esta, expone sin tapujos la sordidez y la hipocresía de la Barcelona de la posguerra, previa a los primeros asomos de libertad, a las revueltas magistralmente retratadas por Marsé en Últimas tardes con Teresa. En Don de lenguas, las autoras son capaces de adentrarse en distintos estratos con total credibilidad, desde las zonas altas, próximas a Sarriá o al Tibidabo, donde la alta burguesía disfrutaba de una vida plácida, llena de recepciones, adulterios y cotilleos, al más sucio lumpen del Raval, donde ya habitaba la prostitución y la pobreza más absoluta. Y, por encima de todo, describen con tiralíneas ese entorno medio, apagado, que habitaba en la oscuridad económica y moral, tan próximo al retratado por Laforet. También puede considerarse una reflexión sobre la labor periodística en tiempos difíciles, dominados por la censura, en los que el lenguaje debe amputarse y la tarea del informador resulta más complicada que nunca.

Con estilo y eficacia

Pero no olvidemos que Don de lenguas es una novela policiaca, aunque las investigadoras no sean policías, sino una valiente periodista y una filóloga, atrapadas por la resolución de un crimen mucho más trascendente de lo que aparenta. Como es obligación en una novela de género, captura al lector desde las primeras páginas gracias a una magnífica dosificación de los datos y a un adecuado sentido del ritmo. Don de lenguas no pierde tensión a lo largo de sus cuatrocientas páginas. Lo consigue mediante la medida alternancia de subtramas, la progresión de los sentimientos de las protagonistas y la continua creación de escenas, que mantienen vivos distintos hilos de investigación sin caer en desfocalización alguna. Contiene también una hermosa historia de amistad. Porque, además de la descripción de una época y una novela policiaca, también es una narración de personajes, matizados, llenos de anhelos y frustraciones. El estilo ocupa un adecuado punto intermedio: no renuncia a la descripción ni a que el lector contemple y palpe por sí mismo el entorno por donde transitan los personajes, pero prima la eficacia, que el lector no tenga que leer dos veces la misma frase y no pierda en ningún momento el hilo de una trama que roza lo enrevesado. El desenlace, por otro lado, no cae en el deus ex machina, tan frecuente en la novela negra, más bien se adentra en la amargura propia de tantos clásicos del género. Una última nota: sorprende la homogeneidad de esta novela, en la que resulta imposible distinguir qué parte ha sido escrita por cada una de las autoras.


Espero que les haya gustado tanto como a mi. 
Les dejo acá también el enlace al blog del autor de esta crítica, La línea recta Blog de Recaredo Veredas

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